Por Aneudy Ramirez N

La propuesta de reforma fiscal presentada por el Gobierno ha abierto un debate necesario sobre el futuro de las finanzas públicas del país. El objetivo es recaudar entre RD$40,000 y RD$50,000 millones adicionales para enfrentar las presiones económicas actuales y fortalecer la capacidad del Estado para responder a las necesidades de la población.

A diferencia de otras reformas discutidas en el pasado, esta iniciativa evita tocar algunos de los impuestos que más preocupan a la población, como el ITBIS, los combustibles, las telecomunicaciones, los intereses bancarios y los dividendos.

Sin embargo, como ocurre con cualquier reforma tributaria, también plantea interrogantes legítimas sobre su impacto en la economía y sobre el uso que se dará a los nuevos recursos.

Lo positivo de la propuesta

Uno de los aspectos más favorables es que el Gobierno decidió no aumentar el ITBIS ni ampliar la cantidad de productos gravados. Esto evita un impacto directo sobre el costo de vida de la mayoría de las familias dominicanas.

La reforma también incluye medidas que alivian la carga de miles de pequeños negocios:

  • Se eliminan los anticipos del Impuesto Sobre la Renta para las microempresas.
  • Las pequeñas empresas tendrán menos pagos anticipados durante el año.
  • El sector agropecuario recibirá facilidades tributarias adicionales.
  • Se amplía el Régimen Simplificado de Tributación para que más pequeños negocios puedan acogerse a procesos más sencillos.

Asimismo, se contemplan beneficios para sectores de clase media mediante el ajuste por inflación de las escalas del Impuesto Sobre la Renta y mayores deducciones por gastos educativos.

Otro punto relevante es la reducción de algunos impuestos considerados excesivos o desactualizados, como el impuesto a la ganancia de capital por la venta de inmuebles de personas físicas, que disminuiría de 25% a 10%.

Los aspectos que generan preocupación

Aunque la propuesta contiene medidas positivas, también incorpora nuevas cargas tributarias.

La más discutida ha sido el aumento del impuesto a los cheques y transferencias electrónicas, que pasaría de 0.15% a 0.20%.

A simple vista parece un incremento pequeño, pero afecta prácticamente todas las operaciones bancarias. Desde el pago a suplidores hasta transferencias empresariales y movimientos comerciales, muchas actividades tendrían un costo mayor.

También se propone elevar temporalmente el Impuesto Sobre la Renta para las grandes empresas con ingresos superiores a RD$1,000 millones anuales.

Aunque la medida busca concentrar la carga en quienes tienen mayor capacidad económica, algunos sectores advierten que podría reducir el atractivo del país para ciertas inversiones.

La reforma además crea un nuevo tramo de Impuesto Sobre la Renta para personas con ingresos superiores a RD$400,000 mensuales.

Por otro lado, se establece un aumento de US$10 a los pasajes aéreos, una medida que podría impactar tanto a viajeros como a algunos segmentos del sector turístico.

El tema más importante no es cuánto se recauda, sino cómo se gasta

Más allá de los impuestos, el verdadero debate debería centrarse en el uso de los recursos que ingresarán al Estado.

La población suele estar dispuesta a hacer sacrificios cuando percibe resultados concretos. Lo que genera rechazo es la sensación de que los recursos terminan financiando estructuras políticas, nombramientos innecesarios, campañas disfrazadas o programas utilizados con fines electorales.

La confianza ciudadana no se construye únicamente cobrando mejor, sino demostrando que cada peso recaudado produce beneficios visibles para el país.

¿Dónde deberían invertirse esos recursos?

Si el objetivo es impulsar el desarrollo nacional, los nuevos ingresos deberían dirigirse prioritariamente a áreas que generen resultados duraderos:

Infraestructura y drenaje urbano

Reducir inundaciones, mejorar calles y construir obras que eleven la calidad de vida de las comunidades.

Agua potable y saneamiento

Garantizar acceso a agua segura y ampliar los sistemas de alcantarillado.

Educación técnica y formación para el empleo

Invertir en capacitación tecnológica, formación profesional y programas vinculados a las demandas reales del mercado laboral.

Seguridad ciudadana

Modernizar equipos, fortalecer la investigación criminal y ampliar el uso de tecnología para prevenir delitos.

Salud preventiva

Fortalecer la atención primaria y los programas de prevención que reducen costos futuros al sistema de salud.

Reducción de la deuda pública

Destinar parte de los recursos a disminuir el peso de la deuda y reducir la necesidad de nuevos préstamos.

Una oportunidad para cambiar la relación entre el Estado y los ciudadanos

Las reformas fiscales suelen ser impopulares porque implican mayores contribuciones. Sin embargo, cuando los recursos se traducen en mejores servicios, obras de calidad y mayor bienestar colectivo, la percepción ciudadana cambia.

La discusión no debería limitarse a cuánto pagará cada sector, sino a qué compromisos asumirá el Estado para garantizar que esos fondos se conviertan en desarrollo, productividad y oportunidades para todos.

En definitiva, la reforma tiene elementos positivos y otros que merecen debate. Pero su verdadero éxito dependerá de algo más importante que la recaudación: la capacidad del Gobierno de demostrar que cada peso adicional será utilizado para construir un país más competitivo, más moderno y con mejores servicios para la gente.

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