
Por Aneudy Ramírez N
La reciente juramentación de Ivannia Rivera en el Partido de la Liberación Dominicana ha sido presentada por algunos como un golpe contra la Fuerza del Pueblo. Sin embargo, al mirar con calma su trayectoria reciente, queda claro que su salida no representa un daño real para esa organización política. Su paso por la Fuerza del Pueblo fue breve, limitado y sin el peso suficiente como para afectar la estructura de un partido que ha venido creciendo sobre bases más amplias.
Ivannia Rivera llegó a la Fuerza del Pueblo en el año 2021, luego de haber renunciado al PLD junto a parte de su familia. En aquel momento surgieron muchas preguntas. ¿Por qué se fue del PLD? ¿Cuál fue la razón para abandonar la que durante años fue presentada como su casa política? ¿Cuál fue la excusa para dejar el liderazgo de Danilo Medina y pasar a respaldar el liderazgo de Leonel Fernández?
Hoy, pocos años después, las mismas preguntas vuelven, pero en dirección contraria. ¿Por qué ahora deja la Fuerza del Pueblo para regresar al PLD? ¿Qué cambió realmente? ¿Cómo se explica que ayer el camino correcto fuera marcharse con Leonel Fernández y hoy el camino correcto sea volver con Danilo Medina?
La escena política resulta llamativa. Dos expresidentes de la República juramentando en menos de cuatro años a la misma persona en dos partidos distintos. Primero Leonel Fernández la recibió en la Fuerza del Pueblo. Ahora Danilo Medina la recibe de vuelta en el PLD. Esa imagen, más que mostrar fortaleza, refleja una práctica política que merece ser cuestionada por la ciudadanía.
Toda persona tiene derecho a militar donde entienda. Nadie está obligado a permanecer en un partido si ya no cree en ese proyecto. Pero también es válido que la sociedad pregunte y analice. Cuando una dirigente cambia de organización política en tan poco tiempo y lo hace entre dos liderazgos que representan caminos distintos, la discusión deja de ser personal y pasa a ser política.
Ivannia tiene derecho a regresar al PLD. Eso no está en discusión. Lo que sí debe discutirse es la intención de presentar su regreso como una gran pérdida para la Fuerza del Pueblo. En política todo el mundo es importante. Cada dirigente, cada militante y cada simpatizante suma. Pero no todos los movimientos tienen el mismo peso ni todas las salidas producen el mismo impacto.
Su permanencia en la Fuerza del Pueblo fue de apenas unos cuatro años. Fue un paso corto, sin una raíz profunda dentro de la organización y sin una incidencia determinante en el crecimiento del partido. Por eso, más que una baja que debilite a la Fuerza del Pueblo, su salida confirma que nunca llegó a ser una figura esencial dentro de ese proyecto.
En términos políticos, Ivannia Rivera fue un ave de paso. Llegó en un momento determinado, ocupó un espacio, acompañó una etapa y luego decidió regresar al mismo partido del que se había marchado. Su salida puede generar comentarios, titulares y ruido mediático, pero no representa una pérdida estratégica para la Fuerza del Pueblo.
La Fuerza del Pueblo debe asumir este episodio con madurez. No como una tragedia, sino como parte natural de la política. Los partidos fuertes no se construyen únicamente con figuras que llegan en momentos de entusiasmo. Se construyen con hombres y mujeres que permanecen, trabajan, defienden ideas y sostienen una causa aun cuando cambian las circunstancias.
El PLD celebra un retorno y está en su derecho. Pero también debería preguntarse qué significa recibir con tanto entusiasmo a alguien que en el año 2021 decidió abandonar esa organización para juramentarse en la Fuerza del Pueblo. Si en aquel momento su salida fue presentada como una decisión de convicción y ahora su regreso también se quiere vender como una decisión de convicción, entonces la ciudadanía tiene derecho a preguntarse cuál de esas convicciones era la verdadera.
Cambiar de partido no es simplemente cambiar de local, cambiar de color o cambiar de acto político. Es cambiar de discurso, de narrativa, de liderazgo y de proyecto. Por eso, cuando esos cambios ocurren en tan poco tiempo, la coherencia queda bajo cuestionamiento.
La juramentación de Ivannia en el PLD no debe verse como un golpe contra la Fuerza del Pueblo. Debe verse como el regreso de una dirigente a su antiguo partido después de un paso breve por otra organización. Es un hecho político comentado, pero no una pérdida capaz de restarle fuerza a un proyecto que ha demostrado crecimiento, estructura y vocación de poder más allá de figuras individuales.
Al final, los partidos se fortalecen no solo por quienes llegan, sino también por quienes se quedan. Y la Fuerza del Pueblo, lejos de alarmarse por la salida de quien apenas estuvo de paso, debe concentrarse en seguir consolidando a quienes creen de verdad en su proyecto político.
Porque en la política, como en la vida, no todo el que entra pertenece y no todo el que se va hace falta.
